Empanadas colombianas
Crocantes empanadas de maíz amarillo rellenas de papa y carne, doradas en aceite.
Lo crocante: frituras, snacks y picadas para compartir. 24 recetas de todo el mundo.
La fritura bien hecha es técnica, no pecado: aceite a la temperatura correcta, tandas pequeñas y escurrido inmediato hacen frituras crocantes que absorben menos grasa. Aquí están los grandes fritos del mundo — tequeños, samosas, croquetas, patacones — con sus temperaturas exactas y las alternativas al horno o freidora de aire cuando aplican.
Crocantes empanadas de maíz amarillo rellenas de papa y carne, doradas en aceite.
Plátano verde frito dos veces hasta quedar dorado por fuera y suave por dentro.
El taco más famoso de México: cerdo marinado en achiote y chiles, con piña, cebolla y cilantro sobre tortilla de maíz.
Tortilla doblada con queso fundido, dorada en el comal.
Masa frita crocante por fuera y suave por dentro, rebozada en azúcar y canela.
Papas cocidas bañadas en una crema picante de ají amarillo y queso.
Palitos de masa rellenos de queso, fritos hasta quedar dorados y crocantes con el queso fundido por dentro.
Tortillas de papa rellenas de queso, doradas en la plancha hasta quedar crocantes.
Milanesa crocante cubierta de salsa de tomate, jamón y queso gratinado.
Discos de masa con zapallo, fritos hasta quedar dorados.
La hamburguesa americana de verdad: carne jugosa con costra dorada, queso fundido y pan brioche.
Alitas crocantes bañadas en salsa picante con mantequilla, servidas con aderezo de queso azul y apio.
Cremosas por dentro y crocantes por fuera: una bechamel espesa con jamón, empanada y frita.
Empanaditas japonesas de cerdo y col, doradas por un lado y al vapor por el otro.
El arroz frito al wok del restaurante chino: grano suelto salteado con huevo, vegetales y soya.
Trozos de pollo crocantes bañados en una salsa brillante de piña, tomate y vinagre.
Triángulos crocantes rellenos de papa especiada con guisantes, fritos hasta dorar.
Croquetas crocantes de garbanzo y hierbas, fritas hasta dorar.
Chiles poblanos rellenos de queso, capeados en huevo y bañados en salsa de tomate.
Mazorca cocida untada de mayonesa, queso, chile y limón.
El salgadinho más querido de Brasil: una masa rellena de pollo cremoso, con forma de muslito, empanada y frita.
Pan tostado frotado con ajo y coronado con tomate fresco, albahaca y aceite de oliva.
Papas fritas crocantes bañadas en una salsa brava picante.
Pechuga empanizada en panko, frita hasta quedar súper crocante y cortada en tiras con salsa tonkatsu.
Freír bien es controlar una sola variable: la temperatura. El rango general de la fritura profunda va de 175 a 190 °C. Por debajo de 160 °C el alimento se empapa antes de sellar y queda aceitoso; por encima de 195 °C la superficie se quema mientras el interior sigue crudo. Un termómetro de cocina de lectura instantánea es la inversión más rentable para cualquiera que fría con frecuencia.
Cada preparación tiene su punto. Empanizados y apanados como milanesas, croquetas o katsu van a 180 °C, que dora el pan rallado en dos o tres minutos sin resecar el relleno. Masas con levadura o masas dulces como churros y sopaipillas trabajan mejor entre 175 y 185 °C, porque necesitan tiempo para cocinarse por dentro. El falafel y las bolitas de legumbre prefieren 170-175 °C. Las papas y los patacones usan dos temperaturas, primero baja y después alta. Y todo lo que lleve rebozado húmedo — tempura, pescado en cerveza — pide 180 °C y tandas pequeñas.
Lo que importa es el punto de humo, la temperatura a la que el aceite empieza a descomponerse, humear y dar sabor amargo. Los aceites refinados de girasol, canola, maíz, soya, maní y el aceite vegetal genérico están alrededor de 225-230 °C, muy por encima de cualquier fritura, y son neutros de sabor: son la opción práctica y económica. El aceite de oliva refinado también resiste bien; el extra virgen ronda los 190-207 °C, así que sirve para freír en sartén poco profunda pero es caro para llenar una olla y su sabor no siempre encaja.
Los que no debes usar para freír son los aceites sin refinar de punto de humo bajo: el de linaza, el de sésamo tostado, el de nuez y la mantequilla sola, que empieza a quemarse alrededor de los 150 °C porque contiene sólidos lácteos. La mantequilla clarificada o ghee sí aguanta bien, hasta cerca de 250 °C, aunque resulta cara para fritura profunda. Ten en cuenta también que el punto de humo de cualquier aceite baja cada vez que se usa, porque se acumulan partículas y ácidos grasos libres.
Si no tienes termómetro, hay señales confiables. Mete el mango de una cuchara de madera o un palillo chino en el aceite: a temperatura de fritura se forma alrededor una corona de burbujas pequeñas y constantes; si burbujea con violencia, está muy caliente, y si apenas aparecen burbujas, falta. Otra prueba clásica es un cubo de pan: a unos 180 °C se dora en aproximadamente un minuto. El aceite debe estar quieto y brillar apenas moviéndose, nunca humear.
La doble fritura funciona porque separa dos trabajos. La primera pasada, a 150-160 °C, cocina el interior y deshidrata la superficie sin dorarla; después de un descanso, la segunda pasada a 185-190 °C forma la costra en pocos minutos, cuando el alimento ya no tiene humedad superficial que expulsar. Por eso las papas fritas y los patacones quedan crocantes por fuera y tiernos por dentro. Escurre siempre sobre rejilla, no sobre papel absorbente en pila, porque el vapor atrapado ablanda la costra, y sala apenas salgan del aceite.
Para el aceite usado: déjalo enfriar por completo, cuélalo con un colador fino o una tela y guárdalo en un frasco cerrado y opaco, en un sitio fresco y oscuro. Con fritos limpios suele aguantar tres o cuatro usos; con pescado o empanizados que sueltan mucha miga, menos. Deséchalo cuando se oscurezca, huela rancio, haga espuma persistente, se vuelva espeso o empiece a humear antes que de costumbre. Nunca lo tires por el desagüe: se solidifica y tapa las tuberías. Ciérralo en un envase y llévalo a un punto de recolección de aceite usado si tu ciudad lo tiene, o descártalo bien sellado con la basura.
Para fritura profunda basta con que la pieza flote sin tocar el fondo: unos 5 a 8 cm de aceite en una olla de fondo grueso y paredes altas, llenada como máximo hasta la mitad para que no se derrame al burbujear. La regla de las tandas es no cubrir más de la mitad de la superficie del aceite. Cada pieza fría baja la temperatura varios grados, así que si metes demasiadas de golpe el aceite cae por debajo del rango y todo sale empapado. Espera a que vuelva a subir entre tanda y tanda.
Se puede lograr algo muy bueno, aunque no idéntico. La freidora de aire funciona muy bien con alimentos que ya contienen grasa o llevan un empanizado seco, a 190-200 °C, rociando con un poco de aceite y sacudiendo la canasta a mitad de cocción. Los rebozados líquidos tipo tempura no funcionan porque gotean antes de cuajar. En horno, usa la rejilla sobre una bandeja para que circule el aire por debajo y precalienta la bandeja.
Porque el aceite estaba demasiado frío o el alimento estaba muy húmedo. Cuando el aceite está en el rango correcto, el agua de la superficie se convierte en vapor que sale hacia afuera y prácticamente impide la entrada de grasa; cuando está frío, ese empuje no existe y el aceite penetra. Seca bien los alimentos antes de rebozarlos, no frías directamente algo recién sacado de una marinada líquida y respeta las tandas pequeñas.