Arepas con queso
La arepa colombiana de todos los días: dorada por fuera y con queso costeño fundido por dentro.
Las recetas más representativas de Colombia, explicadas paso a paso. 9 platos típicos para cocinar en casa.
La cocina colombiana es un país por regiones: el Caribe cocina con coco y pescado, los Andes con maíz, papa y leche, el Pacífico con hierbas y mariscos, y los Llanos con carne y fuego lento. Lo que las une es la vocación de abundancia — aquí las sopas son platos completos, el desayuno se toma en serio y ninguna visita se va sin comer.
En esta selección están los imprescindibles: la arepa de todos los días, el sancocho de los domingos, la bandeja paisa de los valientes y la limonada de coco que endulza la costa. Cada receta explica el porqué de sus pasos y el truco que en las casas colombianas se hereda de memoria.
La arepa colombiana de todos los días: dorada por fuera y con queso costeño fundido por dentro.
La sopa que reúne a la familia colombiana: pollo, yuca, plátano y papa en un caldo con todo el sabor del hogao y el cilantro.
El plato más contundente de Colombia: frijoles, arroz, carne molida, chicharrón, huevo, plátano maduro, arepa y aguacate en un solo banquete antioqueño.
La sopa insignia de Bogotá: pollo y tres tipos de papa en un caldo aromatizado con guascas, servido con crema, alcaparras y aguacate.
Crocantes empanadas de maíz amarillo rellenas de papa y carne, doradas en aceite.
Plátano verde frito dos veces hasta quedar dorado por fuera y suave por dentro.
El arroz insignia de la costa Caribe: dulce-salado, con el caramelo del titoté.
El desayuno caldoso de los Andes colombianos: leche, agua y huevos pochados con cilantro.
La bebida estrella de la costa colombiana: cremosa, fría y con el balance exacto entre el ácido del limón y el dulce del coco.
Con estos ingredientes en casa puedes cocinar la mayoría de las recetas de esta página. Anotamos dónde conseguirlos y con qué reemplazarlos si vives lejos.
Es el sofrito madre de la cocina colombiana: cebolla larga (junca) y tomate maduro picados finos, cocinados a fuego bajo en aceite con un poco de sal, comino y color, hasta que el tomate se deshace y la mezcla se ve brillante y unida. Toma entre 15 y 20 minutos y no se debe apurar: si el tomate todavía se ve en trozos, falta cocción. Corona patacones y arepas, y da fondo a los frijoles, al sancocho y a los rellenos de empanada.
En un sancocho no todo entra al mismo tiempo. Primero el pollo o la carne para armar el caldo, luego el plátano verde en trozos gruesos, después la yuca y por último la papa y el maíz. La yuca se pasa de punto y se deshace en minutos, así que va tarde; el plátano necesita más tiempo y además suelta almidón que da cuerpo al caldo. Se retira la espuma de la superficie los primeros minutos para que el caldo quede limpio.
El patacón se fríe dos veces. La primera, en aceite a temperatura media (unos 160 °C), cocina el almidón por dentro sin dorar: la rodaja debe quedar tierna, no dorada. Se aplasta con una tostonera o el fondo de un vaso, se pasa por agua con sal y ajo, y se devuelve al aceite más caliente (180 °C) para formar la costra. Saltarse la primera fritura es la causa número uno de patacones duros y crudos por dentro.
Si nunca has cocinado colombiano, empieza por las arepas con queso: son cinco ingredientes, quince minutos y te enseñan a manejar la harina de maíz precocido, que es la llave de media cocina del país. Después salta al sancocho de pollo, que parece complicado y en realidad solo pide orden: caldo, tubérculos por turnos y paciencia. La bandeja paisa y el ajiaco déjalos para un fin de semana, porque son platos de armar por partes más que de dificultad técnica. Y ten a mano una limonada de coco: en Colombia, la bebida no es un detalle, es parte del plato.
No existe un reemplazo exacto, y conviene decirlo con franqueza. Si no las consigues, lo más cercano es una mezcla de perejil fresco picado con una pizca de orégano seco, agregada al final: aporta el registro herbal, aunque sin el amargor característico. Otra opción es aumentar el cilantro fresco al servir. Las guascas secas se consiguen por internet y duran más de un año en un frasco cerrado, así que si el ajiaco te gusta, vale la pena pedirlas de una vez.
Con harina de maíz cruda o polenta, no: esas harinas necesitan cocción larga y nunca forman una masa que se pueda moldear solo con agua. Con masa harina mexicana sí se puede improvisar, pero el resultado es distinto: la masa queda más seca y quebradiza, así que conviene subir un poco el agua y dejarla reposar 10 minutos. Para la arepa que conoces, necesitas harina de maíz precocido, que es un producto diferente aunque el empaque se parezca.
Casi siempre por tres razones. Primera: el plátano no estaba lo bastante verde, y el azúcar del plátano maduro se dora rápido pero no da textura. Segunda: se hizo una sola fritura, así que el interior quedó crudo y firme. Tercera: el aceite estaba frío en la segunda fritura, y en vez de sellar, el patacón lo absorbió. Fríe la segunda vez con el aceite bien caliente, en tandas pequeñas, y escurre sobre rejilla en lugar de papel para que no se ablanden con su propio vapor.