Sancocho de pollo
La sopa que reúne a la familia colombiana: pollo, yuca, plátano y papa en un caldo con todo el sabor del hogao y el cilantro.
Sopas, cremas y caldos reconfortantes. 12 recetas de todo el mundo.
Las sopas son la cocina de la paciencia y el consuelo: el sancocho que reúne familias, el ramen que obsesiona a Japón, el pozole de las fiestas mexicanas, el dal de cada día indio. Aquí encontrarás desde caldos de 10 minutos hasta guisos de horas — casi todos mejoran al día siguiente y congelan de maravilla.
La sopa que reúne a la familia colombiana: pollo, yuca, plátano y papa en un caldo con todo el sabor del hogao y el cilantro.
La sopa insignia de Bogotá: pollo y tres tipos de papa en un caldo aromatizado con guascas, servido con crema, alcaparras y aguacate.
El caldo festivo de México: maíz pozolero y cerdo en un caldo de chiles, servido con lechuga, rábano, orégano y limón.
El caldo curativo del Ecuador: atún fresco con yuca y un encurtido de cebolla y tomate.
El plato nacional de Brasil: un guiso oscuro y profundo de frijoles negros con varios cortes de cerdo.
Sopa fría de tomate, pepino y pimiento, licuada con aceite de oliva.
Un tazón humeante de fideos en caldo sabroso con cerdo, huevo marinado y cebollín.
Un curry cremoso y aromático de leche de coco y pasta verde, con pollo y vegetales.
El guiso de lentejas que se come a diario en India: cremoso, especiado y terminado con un sofrito aromático de comino.
El desayuno caldoso de los Andes colombianos: leche, agua y huevos pochados con cilantro.
El guiso patrio de Argentina: maíz, zapallo, porotos y carnes cocidos lentamente hasta quedar espesos.
El caldo japonés de cada día: dashi suave con pasta miso, tofu y alga wakame.
La diferencia entre un caldo aguado y uno con cuerpo se decide en los primeros veinte minutos. Si buscas un caldo profundo y de color oscuro, dora primero: sella los huesos o la carne en la olla hasta que tengan costra marrón, retíralos, sofríe la cebolla, la zanahoria y el apio en esa misma grasa hasta que tomen color, y recién ahí agrega el agua raspando el fondo. Si prefieres un caldo claro y delicado, haz lo contrario: parte de agua fría con los huesos dentro y sube la temperatura despacio, porque el arranque en frío ayuda a que las impurezas suban y se puedan retirar.
Una vez que rompa el hervor, baja a fuego suave. Un caldo debe temblar, con burbujas ocasionales, nunca hervir a borbotones: el hervor fuerte emulsiona la grasa dentro del líquido y lo deja turbio y de sabor pesado. Retira la espuma gris de los primeros minutos con una cuchara. Los tiempos razonables son de 2 a 3 horas para pollo, de 4 a 6 para huesos de res, y solo 45 a 60 minutos para caldo de verduras, porque si lo alargas las verduras empiezan a soltar sabores amargos y terrosos. Los aromáticos delicados — perejil, laurel, pimienta en grano, ajo — van en la última media hora.
Sala poco al principio y ajusta al final. La razón es sencilla: una sopa que hierve destapada pierde agua y concentra todo lo que lleva disuelto, así que una sazón correcta al inicio puede resultar excesiva dos horas después. Esto es especialmente cierto si vas a reducir el caldo o si piensas usarlo como base para otra preparación. Prueba en una cuchara aparte, siempre, y ten en cuenta que el sabor se percibe distinto cuando la sopa está muy caliente.
Si la sopa sabe plana pero ya tiene sal suficiente, casi siempre le falta ácido o un remate fresco. Un chorrito de vinagre, unas gotas de limón, un tomate, o incluso una cucharada del líquido de un frasco de encurtidos levantan todo el plato. También ayuda un golpe de umami: salsa de soya, pasta de tomate dorada, un trozo de queso curado, hongos secos hidratados junto con su agua de remojo colada. Y no subestimes lo que se pone encima al servir: cilantro picado, cebollín, un hilo de aceite de oliva, ají fresco o unas gotas de crema cambian por completo la impresión de una sopa correcta pero aburrida.
Para dar cuerpo sin recurrir a la harina, la técnica más limpia es usar el propio contenido de la sopa: saca dos o tres cucharones de verduras y algo de líquido, licúa o aplasta, y devuelve el puré a la olla. Funciona perfecto con papa, zapallo, arvejas, frijoles, lentejas o zanahoria. Otras opciones son reducir a fuego medio destapado hasta que el líquido se concentre; añadir un puñado de avena o de arroz que se deshaga al cocinarse; usar leche de coco, crema o anacardos remojados y licuados para una textura sedosa; o preparar una papilla de almidón de maíz — una cucharada disuelta en dos de agua fría, incorporada mientras hierve suave — que espesa en un minuto.
Casi todas las sopas mejoran al día siguiente y congelan muy bien hasta unos tres meses. Enfríalas rápido en recipientes bajos antes de guardarlas y deja un par de centímetros libres porque el líquido se expande al congelarse. Lo que no conviene congelar es la papa en trozos, que se vuelve harinosa; las sopas terminadas con crema o leche, que se cortan al descongelar; y la pasta o el arroz ya cocidos, que se deshacen — mejor congela la base y agrégalos frescos al recalentar. Recalienta a fuego medio removiendo, hasta que humee bien y alcance unos 74 °C en el centro, y si espesó demasiado ajusta con un poco de caldo o agua caliente.
De 3 a 4 días si la enfriaste rápido y la guardaste a 4 °C o menos. Para enfriarla, repártela en recipientes bajos en lugar de dejar la olla entera sobre la mesa; una olla honda tapada puede tardar horas en salir de la zona de riesgo. No la dejes fuera del refrigerador más de dos horas después de cocinada. Si va a pasar de ese plazo, congélala el mismo día.
El método más eficaz es el frío: refrigera el caldo unas horas y la grasa se solidifica en la superficie formando una capa que retiras con una cuchara de un solo movimiento. Si tienes prisa, deja reposar el caldo unos minutos y pasa por encima una cuchara ancha o una hoja de papel absorbente que recoja la película de grasa. Guarda un poco de esa grasa si quieres: sofreír verduras en ella aporta muchísimo sabor.
Sí, siempre que uses ingredientes con sabor concentrado. Dora bien cebolla, zanahoria, apio y puerro antes de añadir el agua, e incorpora hongos secos, tomate seco, alga kombu, cáscaras de parmesano o miso al final para aportar profundidad. Cocina solo entre 45 y 60 minutos, porque los caldos vegetales se vuelven amargos si se prolongan demasiado, y sala al terminar. Congela los recortes limpios de verdura durante la semana y tendrás la base lista sin costo extra.