Pastel de choclo
Un guiso de carne y pollo cubierto por una pasta dorada de choclo molido.
Discos de masa con zapallo, fritos hasta quedar dorados. El antojo chileno de los días de lluvia, perfecto con pebre o bañado en chancaca.
Cuando llueve en Santiago, Chile entero piensa lo mismo: sopaipillas. Estos discos de masa con zapallo, fritos hasta dorar, son la respuesta chilena a la lluvia — se venden en carritos callejeros a la salida del metro y se hacen en casa mientras el agua golpea las ventanas. La tradición viene de lejos: la sopaipilla desciende de las masas fritas árabes-andaluzas (sopaipa) y adoptó el zapallo criollo al llegar a Chile.
El zapallo no es opcional en la versión de la zona central: da color, humedad y ese dulzor de fondo que las hace adictivas. La bifurcación llega al servir: saladas con pebre o mostaza, o 'pasadas' — bañadas en salsa caliente de chancaca (panela) con naranja y canela, el postre de lluvia definitivo.
Recién fritas son imbatibles, pero aguantan 2 días en bolsa de papel: revívelas en horno o tostadora (5 minutos a 180 °C). La masa cruda estirada y cortada congela bien (1 mes) separada por plástico: fritura directa. Las 'pasadas' en su salsa aguantan 2 días refrigeradas y recalientan a fuego suave.
Zapallo camote chileno, butternut o auyama: pulpa naranja y dulce. Cocido en agua o al vapor hasta muy blando, y pisado en caliente. Debe quedar seco — si absorbió mucha agua, escúrrelo bien o la masa pedirá harina extra.
Para que no se inflen como globos: los agujeros dejan escapar el vapor y la sopaipilla queda pareja, lista para cargar pebre encima. Si las quieres infladas tipo pan árabe, no las pinches — hay quien las prefiere así.
Un bloque de jugo de caña sin refinar (panela/piloncillo). Para las sopaipillas pasadas se derrite en agua con cáscara de naranja, canela y clavo hasta formar una salsa oscura donde las sopaipillas se bañan calientes.
Un guiso de carne y pollo cubierto por una pasta dorada de choclo molido.
Las empanadas chilenas de horno: masa rellena de carne, cebolla, huevo, aceituna y pasa.
La arepa colombiana de todos los días: dorada por fuera y con queso costeño fundido por dentro.
Crocantes empanadas de maíz amarillo rellenas de papa y carne, doradas en aceite.