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🇮🇹 Italia

Risotto de hongos

Arroz cremoso italiano cocido lentamente con caldo y vino, con hongos salteados y parmesano. Una textura aterciopelada que vale cada minuto de revolver.

Preparación10 min
Cocción35 min
Porciones4 personas
DificultadMedia
Risotto de hongos servido
Foto: Katrin Gilger · CC BY-SA 2.0 · Wikimedia Commons

El risotto es la respuesta del norte de Italia a la pregunta de qué hacer con arroz: en el valle del Po se cultiva desde el siglo XV, y las variedades locales —arborio, carnaroli, vialone nano— tienen tanto almidón superficial que, cocinadas con caldo agregado de a poco y revolviendo, producen su propia crema sin una gota de nata. El de hongos (ai funghi) es el más querido de los clásicos, con el porcini como estrella cuando la temporada lo permite.

Los tres momentos que separan un risotto de un arroz caldoso: la tostatura (tostar el grano en el sofrito hasta que 'cante'), el caldo siempre caliente agregado cucharón a cucharón, y la mantecatura final — mantequilla fría y parmesano batidos fuera del fuego, que transforman el arroz cremoso en terciopelo. Dieciocho minutos de atención a cambio de un plato de restaurante.

Preparación paso a paso

  1. Ten el caldo hirviendo a fuego mínimo en una olla al lado. Si lo agregas frío, cortas la cocción cada vez y el arroz se cuece por fuera antes de soltar almidón.
  2. Corta los hongos en láminas gruesas y saltéalos en una cucharada de aceite a fuego alto, sin sal y sin amontonarlos, 5 minutos: primero sueltan agua, luego esa agua se evapora y recién entonces empiezan a dorarse. Sálalos al final y resérvalos.
  3. Baja a fuego medio y sofríe la cebolla picada fina en el resto del aceite 5 minutos, hasta que esté translúcida y blanda pero sin tomar color.
  4. Suma el arroz seco y tuéstalo 2 minutos removiendo, hasta que los granos estén calientes al tacto y el borde se vea nacarado con el centro blanco opaco.
  5. Vierte el vino y remueve hasta que el fondo quede seco y ya no huela a alcohol, más o menos 2 minutos.
  6. Agrega el caldo caliente de a un cucharón, removiendo cada tanto y esperando a que casi se seque antes del siguiente. A los 17-18 minutos el arroz debe estar cremoso por fuera y con un punto firme al morderlo; incorpora los hongos y rectifica sal y pimienta.
  7. Apaga el fuego, deja reposar un minuto y añade la mantequilla fría y el parmesano batiendo con energía la olla y la cuchara. Esta mantecatura es la que da el brillo: el risotto debe extenderse solo al golpear el plato, en onda, nunca quedarse en montaña.
El truco de la casa: El caldo siempre caliente y agregado de a poco: así el arroz suelta su almidón y crea la cremosidad sin crema.

Variaciones que valen la pena

Conservación y recalentado

El risotto recién mantecado no espera a nadie: se sirve al minuto. Lo que sobre, 2 días refrigerado — y su destino glorioso son los arancini/supplì: bolas de risotto frío con queso dentro, empanizadas y fritas. Recalentado en olla con caldo extra es aceptable; vuelto arancini es mejor que el original.

Preguntas frecuentes

¿Puedo usar arroz común?

No con buen resultado: el arroz largo no tiene el almidón que hace la crema, y el redondo común se pasa antes de soltar suficiente. Arborio es el más fácil de encontrar; carnaroli (el 'rey') perdona más errores porque mantiene el centro al dente por más tiempo.

¿Qué hongos y qué truco para más sabor?

Frescos los que haya (champiñón, portobello, setas), dorados aparte a fuego fuerte. El multiplicador de sabor: un puñado de porcini secos hidratados en agua caliente — los hongos van al risotto y el agua del remojo, colada, al caldo. Sabor de bosque garantizado.

¿Hay que revolver sin parar de verdad?

Sin fanatismo: revolver frecuente (no continuo) libera el almidón y evita que se pegue. Lo innegociable es el caldo caliente en tandas y probar el grano desde el minuto 15. El risotto correcto es 'all'onda': fluye en ola al inclinar el plato, ni sopa ni mazacote.

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