Paella valenciana
El arroz más famoso de España, cocido al aire libre con pollo, conejo, verduras y azafrán.
Las recetas más representativas de España, explicadas paso a paso. 5 platos típicos para cocinar en casa.
España cocina en barra y en sobremesa: tapas que convierten el comer en plan social, arroces que congregan familias los domingos, tortillas que dividen al país en bandos (¿con o sin cebolla?) y un producto — jamón, aceite de oliva, pimentón — que hace la mitad del trabajo.
Aquí están los fundamentales: la paella valenciana con su socarrat, la tortilla de patatas confitada, el gazpacho del verano andaluz, las croquetas cremosas y las bravas de bar. Con los trucos de siempre y las polémicas explicadas.
El arroz más famoso de España, cocido al aire libre con pollo, conejo, verduras y azafrán.
La tortilla de patatas: huevo y papa confitada en aceite, cuajada por fuera y jugosa por dentro.
Sopa fría de tomate, pepino y pimiento, licuada con aceite de oliva.
Cremosas por dentro y crocantes por fuera: una bechamel espesa con jamón, empanada y frita.
Papas fritas crocantes bañadas en una salsa brava picante.
Con estos ingredientes en casa puedes cocinar la mayoría de las recetas de esta página. Anotamos dónde conseguirlos y con qué reemplazarlos si vives lejos.
La paella tiene un orden inamovible. Primero se dora la carne, después se hace el sofrito con el tomate rallado y el pimentón, luego entra el caldo caliente y las legumbres, y por último el arroz, que se reparte y no se vuelve a remover. Los primeros minutos van a fuego fuerte, los últimos a fuego suave. En el minuto final se sube el fuego entre 30 y 60 segundos para tostar la capa del fondo: eso es el socarrat, y se reconoce por el olor y por el crujido al pasar la cuchara. Después, cinco minutos de reposo tapada con un paño.
La bechamel de croqueta es mucho más espesa que la de gratinar. Se cocina la harina en la mantequilla o el aceite del jamón durante varios minutos, se añade leche caliente en varias tandas batiendo, y se sigue cocinando —10 minutos o más— hasta que la masa se despegue limpiamente del fondo y de las paredes de la sartén. Se extiende en una fuente, se cubre a piel con plástico y se refrigera al menos cuatro horas, mejor toda la noche. Sin ese frío, no hay croqueta que se pueda formar.
Las patatas de la tortilla no se fríen crocantes: se confitan. Se cortan en láminas o trozos irregulares, se cubren de aceite de oliva y se cocinan a fuego bajo, entre 60 y 80 grados de burbujeo suave, durante 20 o 25 minutos, hasta que estén tiernas y se deshagan al presionarlas. Se escurren bien, se mezclan calientes con el huevo batido y se dejan reposar unos minutos para que el huevo se impregne del sabor de la patata antes de cuajar.
Empieza por el gazpacho andaluz si estás en verano y por las patatas bravas si no: los dos se hacen sin técnica y te enseñan a manejar los dos pilares de esta despensa, el buen aceite de oliva y el pimentón. La tortilla española es la siguiente, y merece que la practiques varias veces, porque el volteo se aprende con las manos y no leyendo. Las croquetas exigen planificación —masa un día, fritura el siguiente—, así que resérvalas para cuando quieras cocinar con calma. Y la paella déjala para un día con invitados: es un plato de fuego, tiempo y sartén ancha, y compartirla directamente de la paellera es la mitad de la experiencia.
Por tres motivos casi siempre combinados. El primero es haber removido el arroz después de añadirlo: cada movimiento libera almidón. El segundo es el arroz equivocado, normalmente arborio o un grano largo. Y el tercero es la altura de la capa: la paella se cocina en una capa fina, de un dedo o menos, en una paellera ancha y baja; en una olla honda el arroz se cuece al vapor y se apelmaza. Reparte, no toques y respeta el reposo final.
El debate no tiene solución oficial: la cebolla aporta dulzor y humedad, y quien la defiende la pocha lentamente hasta que casi se deshace; quien la rechaza busca el sabor puro de patata y huevo. Cocina la que te guste. Para voltearla, usa una sartén de tamaño justo, con los bordes bien despegados, coloca un plato plano más grande que la sartén encima, sujétalo con la palma, gira con decisión en un solo movimiento y desliza la tortilla de vuelta. La clave es no dudar a mitad de camino.
Cuatro cosas. La masa debe ser espesa de verdad, hasta despegarse del fondo de la sartén. Debe enfriarse por completo, idealmente toda la noche. El empanado tiene que ser hermético: harina, huevo y pan rallado, y si la masa es muy tierna, doble pasada de huevo y pan. Y el aceite debe estar a unos 180 °C, abundante y sin sobrecargar la sartén: si la temperatura baja, la croqueta se empapa y se abre antes de dorar.