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🇪🇸 Recetas de España

Las recetas más representativas de España, explicadas paso a paso. 5 platos típicos para cocinar en casa.

España cocina en barra y en sobremesa: tapas que convierten el comer en plan social, arroces que congregan familias los domingos, tortillas que dividen al país en bandos (¿con o sin cebolla?) y un producto — jamón, aceite de oliva, pimentón — que hace la mitad del trabajo.

Aquí están los fundamentales: la paella valenciana con su socarrat, la tortilla de patatas confitada, el gazpacho del verano andaluz, las croquetas cremosas y las bravas de bar. Con los trucos de siempre y las polémicas explicadas.

Las 5 recetas de España

España · 75 min

Paella valenciana

El arroz más famoso de España, cocido al aire libre con pollo, conejo, verduras y azafrán.

España · 50 min

Tortilla española

La tortilla de patatas: huevo y papa confitada en aceite, cuajada por fuera y jugosa por dentro.

España · 10 min + reposo

Gazpacho andaluz

Sopa fría de tomate, pepino y pimiento, licuada con aceite de oliva.

España · 75 min + reposo

Croquetas de jamón

Cremosas por dentro y crocantes por fuera: una bechamel espesa con jamón, empanada y frita.

La despensa de la cocina española

Con estos ingredientes en casa puedes cocinar la mayoría de las recetas de esta página. Anotamos dónde conseguirlos y con qué reemplazarlos si vives lejos.

Arroz bomba
Es un arroz de grano corto que absorbe casi tres veces su volumen en caldo sin romperse ni soltar demasiado almidón: por eso el grano de una paella queda suelto y seco, no cremoso. Se consigue en supermercados grandes y tiendas de productos españoles. Las variedades Senia o Albufera también son válidas y absorben algo menos. El arroz arborio no es un buen reemplazo: suelta almidón y te dará algo parecido a un risotto.
Pimentón de la Vera
Pimiento rojo secado al humo de encina y molido. Es el responsable del aroma ahumado del chorizo, de las patatas bravas y de muchos guisos. Existe en versión dulce, agridulce y picante. Se agrega siempre fuera del fuego o con el aceite ya templado, porque se quema en segundos y amarga todo el plato. El pimentón común sirve, pero no aporta humo; si solo tienes ese, añade una pizca de pimentón ahumado de cualquier origen.
Azafrán en hebras
El auténtico viene en hebras rojas y se usa en cantidades diminutas: una pizca por paella para cuatro. Se tuesta unos segundos en seco o entre los dedos, se machaca en el mortero y se infusiona en un poco de caldo caliente antes de añadirlo. Lo que se vende como colorante alimentario aporta color amarillo pero ningún aroma: si vas a usarlo, sé consciente de que estás pintando la paella, no perfumándola.
Aceite de oliva virgen extra
En España no es un condimento de acabado, es un medio de cocción. La tortilla se hace confitando las patatas en aceite abundante; el gazpacho se emulsiona con un chorro generoso; el sofrito de la paella empieza ahí. Vale la pena tener dos: uno suave para cocinar en cantidad y otro más aromático, de cosecha temprana, para crudo. El aceite de la tortilla se cuela y se reutiliza.
Jamón serrano y su hueso
Para las croquetas se aprovechan las puntas y recortes de jamón, picados muy finos, que es exactamente para lo que se venden en las charcuterías. El hueso, cocido en la leche de la bechamel o en un caldo, aporta una profundidad que el jamón picado por sí solo no da. Fuera de España, las puntas de prosciutto cumplen la misma función.
Garrofón y judía verde plana
La paella valenciana tradicional lleva dos legumbres concretas: el garrofón, una alubia blanca grande y plana de textura mantecosa, y la judía verde plana o ferradura. El garrofón se consigue seco (con remojo previo) o en conserva en tiendas españolas; el sustituto más cercano es la alubia blanca grande tipo butter bean. La judía verde plana se reemplaza con judía verde ancha, cortada en trozos largos.

Técnicas que definen esta cocina

Sofrito, caldo y socarrat

La paella tiene un orden inamovible. Primero se dora la carne, después se hace el sofrito con el tomate rallado y el pimentón, luego entra el caldo caliente y las legumbres, y por último el arroz, que se reparte y no se vuelve a remover. Los primeros minutos van a fuego fuerte, los últimos a fuego suave. En el minuto final se sube el fuego entre 30 y 60 segundos para tostar la capa del fondo: eso es el socarrat, y se reconoce por el olor y por el crujido al pasar la cuchara. Después, cinco minutos de reposo tapada con un paño.

Bechamel de croqueta

La bechamel de croqueta es mucho más espesa que la de gratinar. Se cocina la harina en la mantequilla o el aceite del jamón durante varios minutos, se añade leche caliente en varias tandas batiendo, y se sigue cocinando —10 minutos o más— hasta que la masa se despegue limpiamente del fondo y de las paredes de la sartén. Se extiende en una fuente, se cubre a piel con plástico y se refrigera al menos cuatro horas, mejor toda la noche. Sin ese frío, no hay croqueta que se pueda formar.

Confitar las patatas de la tortilla

Las patatas de la tortilla no se fríen crocantes: se confitan. Se cortan en láminas o trozos irregulares, se cubren de aceite de oliva y se cocinan a fuego bajo, entre 60 y 80 grados de burbujeo suave, durante 20 o 25 minutos, hasta que estén tiernas y se deshagan al presionarlas. Se escurren bien, se mezclan calientes con el huevo batido y se dejan reposar unos minutos para que el huevo se impregne del sabor de la patata antes de cuajar.

Por dónde empezar

Empieza por el gazpacho andaluz si estás en verano y por las patatas bravas si no: los dos se hacen sin técnica y te enseñan a manejar los dos pilares de esta despensa, el buen aceite de oliva y el pimentón. La tortilla española es la siguiente, y merece que la practiques varias veces, porque el volteo se aprende con las manos y no leyendo. Las croquetas exigen planificación —masa un día, fritura el siguiente—, así que resérvalas para cuando quieras cocinar con calma. Y la paella déjala para un día con invitados: es un plato de fuego, tiempo y sartén ancha, y compartirla directamente de la paellera es la mitad de la experiencia.

Preguntas frecuentes

¿Por qué mi paella queda cremosa como un risotto?

Por tres motivos casi siempre combinados. El primero es haber removido el arroz después de añadirlo: cada movimiento libera almidón. El segundo es el arroz equivocado, normalmente arborio o un grano largo. Y el tercero es la altura de la capa: la paella se cocina en una capa fina, de un dedo o menos, en una paellera ancha y baja; en una olla honda el arroz se cuece al vapor y se apelmaza. Reparte, no toques y respeta el reposo final.

¿La tortilla lleva cebolla, y cómo la volteo sin desastre?

El debate no tiene solución oficial: la cebolla aporta dulzor y humedad, y quien la defiende la pocha lentamente hasta que casi se deshace; quien la rechaza busca el sabor puro de patata y huevo. Cocina la que te guste. Para voltearla, usa una sartén de tamaño justo, con los bordes bien despegados, coloca un plato plano más grande que la sartén encima, sujétalo con la palma, gira con decisión en un solo movimiento y desliza la tortilla de vuelta. La clave es no dudar a mitad de camino.

¿Cómo evito que las croquetas revienten al freír?

Cuatro cosas. La masa debe ser espesa de verdad, hasta despegarse del fondo de la sartén. Debe enfriarse por completo, idealmente toda la noche. El empanado tiene que ser hermético: harina, huevo y pan rallado, y si la masa es muy tierna, doble pasada de huevo y pan. Y el aceite debe estar a unos 180 °C, abundante y sin sobrecargar la sartén: si la temperatura baja, la croqueta se empapa y se abre antes de dorar.

Créditos de las fotografías (5)