Empanadas argentinas de carne
Empanadas al horno rellenas de carne jugosa, cebolla, huevo y aceitunas, con su repulgue característico.
Las recetas más representativas de Argentina, explicadas paso a paso. 5 platos típicos para cocinar en casa.
Argentina es el país del fuego y de la sobremesa: el asado como liturgia dominical, las empanadas con denominación provincial, el mate que ordena el día y una repostería — alfajores, facturas, dulce de leche — que es motivo de orgullo nacional.
Estas recetas recorren ese mapa: empanadas de carne con su repulgue, la milanesa napolitana de bodegón, el chimichurri que corona todo asado, el locro de las fechas patrias y los alfajores de maicena que se deshacen en la boca.
Empanadas al horno rellenas de carne jugosa, cebolla, huevo y aceitunas, con su repulgue característico.
Milanesa crocante cubierta de salsa de tomate, jamón y queso gratinado.
Dos galletas que se deshacen en la boca, unidas por dulce de leche y bordeadas en coco.
La salsa que acompaña todo asado argentino: perejil, ajo, ají y vinagre en aceite.
El guiso patrio de Argentina: maíz, zapallo, porotos y carnes cocidos lentamente hasta quedar espesos.
Con estos ingredientes en casa puedes cocinar la mayoría de las recetas de esta página. Anotamos dónde conseguirlos y con qué reemplazarlos si vives lejos.
Es el cierre trenzado del borde de la empanada. Se pinta el borde con agua o huevo, se dobla la masa sobre el relleno, se aprieta para sacar el aire y se van haciendo pliegues sucesivos, doblando un poquito de borde sobre sí mismo y presionando. Además de decorativo, es funcional: sella de verdad, evita que el jugo escape y el horno lo queme. Tradicionalmente también sirve para identificar el relleno cuando hay varios en la misma bandeja.
El relleno de empanada se cocina el día anterior y se refrigera toda la noche. Frío, la grasa se solidifica y el jugo queda atrapado: al hornear se derrite dentro y produce esa empanada jugosa. Si armas con el relleno tibio, la grasa empapa la masa desde el primer momento, el fondo queda pastoso y la empanada se abre. Es el consejo más repetido en cualquier cocina argentina, y con razón.
La carne se golpea fina y pareja, se marina en huevo batido con ajo y perejil al menos una hora (mejor toda la noche) y luego se pasa por pan rallado presionando bien con la palma para que se adhiera. Un reposo de 20 minutos en el refrigerador fija la capa. Se fríe en aceite abundante a unos 175 °C: si está frío, la milanesa lo absorbe; si está humeante, el pan se quema antes de que la carne se cocine.
El chimichurri es el mejor primer paso: cinco minutos, ningún riesgo, y transforma cualquier carne, verdura asada o pan tostado que tengas. Después ve por las empanadas de carne, pero organízate en dos días: relleno la noche anterior, armado y horneado al siguiente. Ese solo hábito mejora el resultado más que cualquier otro truco. La milanesa napolitana es la receta perfecta para un día de semana, y los alfajores de maicena para una tarde tranquila, porque piden manos suaves y calma. Si compras algo pensando en esta cocina, que sea comino de buena calidad y un buen dulce de leche.
Las dos formas son tradicionales y cambian según la provincia. Al horno se hacen a temperatura alta, entre 200 y 220 °C, en el piso del horno o sobre una bandeja bien caliente, para que la base selle rápido; se pintan con huevo para el brillo. Fritas se hacen en grasa o aceite a unos 180 °C, quedan más burbujeadas y crocantes, y se comen recién hechas. La masa cambia: para freír conviene una masa con más grasa y algo más fina.
Porque la masa de maicena es frágil por naturaleza: casi no tiene gluten, que es lo que da estructura. Trabájala poco, deja reposar la masa refrigerada al menos 30 minutos antes de estirar, y córtala de un grosor generoso, cerca de un centímetro: las tapas muy finas se rompen al levantarlas. Hornea a temperatura moderada (170 °C) hasta que estén pálidas y apenas firmes, no doradas, y déjalas enfriar completamente sobre la rejilla antes de rellenar.
Existen ambas tradiciones. La versión de hierbas secas —orégano, perejil seco, ají molido, ajo, todo hidratado en vinagre antes de sumar el aceite— es la clásica de parrilla y la que mejor se conserva, semanas en el refrigerador. La versión con perejil fresco picado es más luminosa y se come en pocos días. La regla común a las dos es dejar reposar la mezcla al menos dos horas antes de usarla: el vinagre necesita tiempo para extraer el sabor del ajo y las hierbas.