Hummus
La crema de garbanzos del Medio Oriente: suave, con tahini, limón y ajo, regada con aceite de oliva.
Las recetas más representativas de Medio Oriente, explicadas paso a paso. 4 platos típicos para cocinar en casa.
La cocina del Levante — Líbano, Siria, Palestina, Jordania y sus vecinos — es la del mezze: la mesa cubierta de platos para compartir, el pan como cubierto, el garbanzo y el ajonjolí elevados a arte, las hierbas frescas como protagonistas y no adorno.
Aquí están sus embajadores: el hummus sedoso con su truco de agua helada, el falafel de garbanzo crudo (regla inquebrantable), el shawarma casero con toum de ajo y el tabbouleh que es ensalada de perejil, no de trigo.
La crema de garbanzos del Medio Oriente: suave, con tahini, limón y ajo, regada con aceite de oliva.
Croquetas crocantes de garbanzo y hierbas, fritas hasta dorar.
Pollo marinado en especias del Medio Oriente, dorado y servido en pan con ajo y vegetales.
La ensalada libanesa de perejil, bulgur, tomate y menta, aliñada con limón y aceite.
Con estos ingredientes en casa puedes cocinar la mayoría de las recetas de esta página. Anotamos dónde conseguirlos y con qué reemplazarlos si vives lejos.
Tres cosas hacen la diferencia. Primero, cocinar los garbanzos secos con media cucharadita de bicarbonato de sodio en el agua, que ablanda las pieles hasta que casi desaparecen; se cocinan de más a propósito, hasta que se aplastan con solo presionarlos. Segundo, quitar las pieles que floten, aunque sea un rato tedioso. Y tercero, montar el tahini con jugo de limón y agua muy fría, con hielo incluso, antes de incorporar los garbanzos: la mezcla se aclara y se vuelve esponjosa, y ese aire es lo que da la textura de restaurante.
Se remojan los garbanzos secos entre 12 y 24 horas hasta que doblan su tamaño, se escurren muy bien y se procesan crudos con cebolla, ajo, perejil, cilantro, comino y cilantro molido, hasta obtener una mezcla granulosa como arena húmeda, no un puré. Se refrigera al menos una hora. El polvo de hornear se agrega justo antes de formar y freír, no antes. Se fríe en aceite a 170-180 °C. Con garbanzos cocidos o de lata, la masa se convierte en puré y se deshace en el aceite: no hay técnica que lo salve.
La salsa de ajo libanesa que acompaña el shawarma es una emulsión sin huevo: ajo pelado y sal triturados hasta formar pasta, y luego aceite neutro añadido gota a gota al principio, alternando con pequeñas cantidades de jugo de limón, mientras la máquina no se detiene. Si el aceite entra rápido, la emulsión se corta. Si se corta, se rescata empezando de nuevo con una clara de huevo o una cucharada de toum bien emulsionado e incorporando la mezcla cortada poco a poco.
El hummus es el punto de entrada natural, y si compras un solo producto para esta cocina, que sea un buen tahini: con él haces hummus, salsa para el shawarma y aderezos para media semana. Empieza con garbanzos de lata para tomarle el gusto y, cuando quieras la versión seria, prueba con secos cocidos con bicarbonato y verás la diferencia real. El tabbouleh es la siguiente receta lógica porque no requiere cocción, solo un buen cuchillo y perejil de sobra. El falafel pide planificación —el remojo de la noche anterior no se negocia— pero es una de las frituras más agradecidas que existen. Y el shawarma casero, con su toum, convierte todo lo anterior en una mesa completa para compartir.
La causa número uno es haber usado garbanzos cocidos o de lata. El falafel se hace con garbanzo seco remojado y crudo; el garbanzo cocido no tiene el almidón disponible para ligar y se desintegra. Otras causas: mezcla demasiado húmeda por exceso de cebolla o hierbas mojadas (sécalas bien), falta de reposo en frío antes de formar, o aceite por debajo de 165 °C. Si aun así te falla, una o dos cucharadas de harina de garbanzo dan margen de seguridad sin alterar el sabor.
Cocina garbanzos secos con bicarbonato hasta que estén claramente pasados de punto y se aplasten con el dedo, y retira las pieles. Usa tahini de buena calidad, fluido y no amargo. Y monta primero el tahini con limón y agua helada, sin los garbanzos, hasta que la mezcla se aclare y espese; solo entonces añade los garbanzos aún tibios y procesa varios minutos, mucho más de lo que crees necesario. Sirve con un buen aceite de oliva, un poco de comino y garbanzos enteros por encima.
No: el tabbouleh libanés es esencialmente una ensalada de perejil. La proporción tradicional es abrumadoramente de perejil finamente picado, con menta, tomate en cubos pequeños, cebolleta, y solo un puñado de bulgur fino que se hidrata sin cocinar. Las versiones que se ven fuera de la región, con el trigo como ingrediente principal y el perejil como adorno, invierten la receta. Pica el perejil con un cuchillo bien afilado y seco, nunca en procesadora, para que no se machaque ni suelte agua.